ELLAS: Ocupar el espacio de manera creativa y lo que viene después

Por Camila Pose

26 abril, 2021

Me pregunto cómo habitar el <espacio> en estos tiempos de circulación compleja. Me pregunto también cómo habitamos los espacios artísticos nosotras, las mujeres, desde siempre. ¿En qué consiste esa diferencia que nos mueve a enunciarnos por nuestro género, en busca de apelar a una integración en materia de derechos y visibilidad? 

Llegué a CAMPO Canteen en diciembre de 2020 para reencontrarme con Heidi después de más de un año sin vernos, apenas nos habíamos conocido el verano anterior y ambas nos quedamos con una impresión de la otra que nos entusiasmaba, como si estuviéramos esperando el momento de darle forma a toda esa bola de energía multicolor que se activaba estando cerca. Yo estaba hacía ya dos meses en Uruguay, la tierra prometida por esos días en que el año de encierro en Buenos Aires se había vuelto muy sofocante. Mientras tomábamos café, Heidi me puso al corriente de la cancelación del Artfest en Pueblo Garzón por las medidas sanitarias, no obstante su voracidad creativa y emprendedora la hizo conjugar en la misma frase su anhelo de hacer algo juntas allí, en CAMPO Canteen.

La pulsión creativa de Heidi es tremendamente contagiosa y no tuvo más que abrir las generosas puertas de su proyecto multifocal para que ya estuviéramos las dos proponiendo ideas para entender la naturaleza de eso que nos convocaba. El núcleo fue claro desde el principio: las mujeres. Fantaseamos con hacer un programa de todo un día, <yo curo la exhibición de artistas que se encuentren en Uruguay, vos orientame a conocerlas, pensemos juntas un programa que sea más que una apuesta visual, que haya palabra, conversatorios, también cuerpo y movimiento, mercado, emprendedoras, proyectos sustentables>, mordía la croissant y la idea ya era suntuosa.

El programa se llamó ELLAS y si bien se celebró el 20 de febrero, aún sigue resonando. La revalorización del tiempo y de la vida ha sido radical en este contexto que atravesamos como humanidad. Hace poco escribí en un artículo: <El tiempo que tenemos es una incógnita que se presenta en clave positiva, una posibilidad de determinar una mínima diferencia respecto del momento anterior que implique una conexión mayor -o aún mejor>. Sin dudas hacerlo desde el arte, la creatividad y la co-creación, es un privilegio. La convocatoria fue fascinante: 400 personas (con barbijo) interactuando y dando vida a las propuestas por el jardín de Canteen, apropiándose y habitando el espacio, cada cual desde su sagrada singularidad como focos de luz que conforman una red resplandeciente. 

Los conversatorios con las artistas que exhibieron -a quienes estoy profundamente agradecida como curadora por haberse entusiasmado con el proyecto-, nos permitieron poner entre signos de preguntas el mismo nombre que nos convocaba <¿ELLAS?>. ¿En qué medida esa enunciación incentiva -como si nos alineáramos en un gueto- la desintegración y el escenario de injusticias enormes y sistémicas e injusticias invisibles y cotidianas, que apelamos reconstruir y reinventar? La voz fue alzada por todas. Artistas feministas, mujeres militantes de la igualdad por fuera de su labor como artistas, artistas desafectadas de su género frente a la tela en blanco. Las conversaciones continuaron en los chats de Whatsapp, en las galerías de Rizoma mientras buscaba libros, incluso hasta me encontré mediando un debate de hombres revueltos en Santa Teresita unos días después. Esas conversaciones pueden llegar a crisparme, sin embargo fue muy constructivo poder acompañar la conversación para que transformáramos el miedo y la incertidumbre del varón frente a un paradigma renovado que lo apuntala, en una conversación de escucha y reflexión, en la que todos tenemos algo para expresar si lo hacemos desde la apertura de poder corregirnos sin resistirnos. 

Hay un un fragmento de Sara Ahmed de su libro Vivir una vida feminista (Caja Negra Editora, 2021 [2017]) que me obsesiona por su simpleza certera acerca del acto de transmitir. Ahmed habla sobre teorizar desde nuestro propio trabajo hecho cuerpo y aprender de lo que pasa con lo que traemos. Primero, lanzamos algo y luego presenciamos lo que sucede con eso que hemos lanzado, para así desarrollar y refinar la comprensión.  <(…) Cambiamos nuestra forma de pensar e incluso lo que pensamos a partir de los cambios que no logramos producir con nuestros intentos>. Estamos en el camino de ejercer la libertad creativa como un derecho, desnaturalizando lo femenino y lo masculino como categorías estancas, proponiendo nuevos lenguajes e intercambios y señalando puntos de tensión frente a límites culturales. Es el momento de volver a contar la historia desde nosotras y en voz alta. Es el momento de hacer la historia desde la excitante y prolífica multiplicidad.